viernes, 10 de enero de 2014

Una gran verdad



Moños azules



Una profesora universitaria inició un nuevo proyecto entre sus alumnos.
A cada uno les dio cuatro moños de color azul, todos con la leyenda: "Eres importante para mí", y les pidió que se pusieran uno.

Cuando todos lo hicieron, les dijo que eso era lo que ella pensaba de ellos. 
Luego les explicó de qué se trataba el experimento: Tenían que darle un listón a alguna persona que fuera importante para ellos, explicándoles el motivo y dándole los otros listones para que ellos hicieran lo mismo.

El resultado esperado era ver cuanto podía influir en las personas ese pequeño detalle. 

Todos salieron de esa clase platicando a quién darían sus listones.
Algunos mencionaban a sus padres, a sus hermanos o a sus novios.

Pero entre aquellos estudiantes, había uno que estaba lejos de casa.
Este muchacho había conseguido una beca para esa universidad y al estar lejos de su hogar, no podía darle ese listón a sus padres o sus hermanos.

Pasó toda la noche pensando a quién daría ese listón. Al otro día muy temprano tuvo la respuesta.
Tenía un amigo, un joven profesionista que lo había orientado para elegir su carrera y muchas veces lo asesoraba cuando las cosas no iban tan bien como él esperaba. 

¡Esa era la solución!. 
Saliendo de clases se dirigió al edificio donde su amigo trabajaba. En la recepción pidió verlo. A su amigo le extrañó, ya que el muchacho lo iba a ver después de que él salía de trabajar, por lo que pensó que algo malo estaba sucediendo. 

Cuando lo vio en la entrada, sintió alivio de que todo estuviera bien, pero a la vez le extrañaba el motivo de su visita. 

El estudiante le explicó el propósito de su visita y le entregó tres moños, le pidió que se pusiera uno y le dijo que "al estar lejos de casa, él era el más indicado para portarlo".
El joven ejecutivo se sintió halagado, no recibía ese tipo de reconocimientos muy a menudo y prometió a su amigo que seguiría con el experimento y le informaría de los resultados.

El joven ejecutivo regresó a sus labores y ya casi a la hora de la salida se le ocurrió una arriesgada idea. Le quería entregar los dos moños restantes a su jefe.
El jefe era una persona huraña y siempre muy atareada, por lo que tuvo que esperar que estuviera "desocupado".
Cuando consiguió verlo, su jefe estaba inmerso en la lectura de los nuevos proyectos de su departamento, la oficina estaba repleta de reconocimientos y papeles. El jefe sólo gruñó: - "¿Qué desea?". 

El joven ejecutivo le explicó tímidamente el propósito de su visita. Le mostró los dos moños. El jefe, asombrado, le preguntó: - "¿Por qué cree usted que soy el más indicado para tener ese moño?". 

El joven ejecutivo le respondió que él lo admiraba por su capacidad y entusiasmo en los negocios, además, que de él había aprendido bastante y estaba orgulloso de estar bajo su mando. 

El jefe titubeo, pero recibió con agrado los dos moños, no muy a menudo se escuchan esas palabras con sinceridad estando en el puesto en el que él se encontraba. 

El joven ejecutivo se despidió cortésmente del jefe y, como ya era la hora de salida, se fue a su casa. 

El jefe, acostumbrado a estar en la oficina hasta altas horas, esta vez se fue temprano a su casa. En la solapa llevaba uno de los moños y el otro lo guardó en la bolsa de su camisa. 
Se fue reflexionando mientras manejaba rumbo a su casa. 

Su esposa se extrañó de verlo tan temprano y pensó que algo le había pasado. Cuando le preguntó si pasaba algo, él respondió que no pasaba nada, que ese día quería estar con su familia. La esposa se sorprendió, ya que su esposo acostumbraba llegar de mal humor.

El jefe preguntó: -"¿Dónde está nuestro hijo?", La esposa sólo lo llamó, ya que estaba en el piso superior de la casa. 

El hijo bajó y el padre sólo le dijo: - "Acompáñame". 
Ante la mirada extrañada de la esposa y del hijo, ambos salieron de la casa.
El jefe era un hombre que no acostumbraba gastar su "valioso tiempo" en su familia muy a menudo. 

Tanto el padre como el hijo se sentaron en el porche de la casa. 
El padre miró a su hijo, quien a su vez lo miraba extrañado. 
Le empezó a decir que sabía que no era un buen padre, que muchas veces se perdió de aquellos momentos que sabía eran importantes.
Le mencionó que había decidido cambiar, que quería pasar más tiempo con ellos, ya que su madre y él eran lo más importante que tenía. 
Le mencionó lo de los moños y su joven ejecutivo. Le dijo que lo había pensado mucho, pero quería darle el último moño a él, ya que era lo más importante, lo más sagrado, para él, que el día que nació, fue el más feliz de su vida y que estaba orgulloso de el. 
Todo esto mientras le prendía el moño que decía "Eres importante para mí".

El hijo, con lágrimas en los ojos le dijo: "Papá, no sé que decir, mañana pensaba suicidarme porque pensé que no te importaba. Te quiero papá, perdóname..."

Ambos lloraron y se abrazaron, el experimento de la profesora dio resultado, había logrado cambiar no una, sino varias vidas, con solo expresar lo que sentía... 

Ese es el poder de uno. Expresar lo que sientes y darle valor a los detalles de la gente que te ama. 

Por eso tú para mí... "Eres muy Importante "


BUENOS DÍAS SEÑOR

Me levanto en tu Nombre para seguir caminando Contigo, para enfrentar los retos de tu mano y disfrutar a tu lado mis alegrías. Me levanto para amarte y hacerte amar, para avanzar un tramo más hacia la eternidad. Voy Contigo y nada temo.

Con tu bendición para mí y para todos inicio mi jornada de hoy.



lunes, 6 de enero de 2014

No siempre es feo tener cicatrices


En un día caluroso de verano un niño decidió ir a nadar en la laguna detrás de su casa. 

Salió corriendo por la puerta trasera, se tiró en el agua y nadaba feliz.

No se daba cuenta de que un cocodrilo se le acercaba.
Su mamá desde la casa miraba por la ventana, y vio con horror lo que sucedía.

Enseguida corrió hacia su hijo gritándole lo más fuerte que podía. Oyéndole, el niño se alarmó y viró nadando hacia su mamá. Pero fue demasiado tarde. Desde el muelle la mamá tomó al niño por sus brazos justo cuando el caimán le agarraba sus piernitas.

La mujer jalaba determinada, con toda la fuerza de su corazón.

El cocodrilo era más fuerte, pero la mamá era mucho más apasionada y su amor no la abandonaba. 

Un señor que escuchó los gritos se apresuró hacia el lugar con una pistola y mató al cocodrilo. El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron bastante, aún pudo llegar a caminar. 

Cuando salió del trauma, un periodista le preguntó al niño si le quería enseñar las cicatrices de sus pies.

El niño levantó la colcha y se las mostró. 
Pero entonces, con gran orgullo se remango las mangas y señalando hacia las cicatrices en sus brazos le dijo: "Pero las que usted debe ver son estas".

Eran las marcas de las uñas de su mamá que habían presionado con fuerza. 

"Las tengo porque mamá no me soltó y me salvó la vida". 

Nosotros también tenemos las cicatrices de un pasado doloroso. Algunas son causadas por nuestros actos, pero algunas son la huella de Dios que nos ha sostenido con fuerza para que no caigamos en las garras del mal.

Cuando las cosas van mal, no te desanimes... puede ser Dios sujetándonos fuertemente para librarte de lo que no te conviene. Rescata siempre lo positivo de cada cosa cotidiana de la vida.

¡ Y disfruta de la vida! "Dios inventó el amor, con todo lo lindo que encontró"













Hermosa bendición para todos los seres del planeta


BALANCE DEL AÑO.

Mi percepción, a medida que envejezco, es que NO HAY AÑOS MALOS. 
Hay años de fuertes aprendizajes y otros que son como un recreo, pero malos no son. Creo firmemente que la forma en que se debería evaluar un año tendría más que ver con cuánto fuimos capaces de amar, de perdonar, de reír, de aprender cosas nuevas, de haber desafiado nuestros egos y nuestros apegos. 
Por eso, no debiéramos tenerle miedo al sufrimiento ni al tan temido fracaso, porque ambos son sólo instancias de aprendizaje. 
Nos cuesta mucho entender que la vida y el cómo vivirla, dependen de nosotros; el cómo enganchamos con las cosas que no queremos, depende sólo del cultivo de la voluntad. 


Si no me gusta la vida que tengo, deberé desarrollar las estrategias para cambiarla, pero está en mi voluntad el poder hacerlo. 
“SER FELIZ ES UNA DECISIÓN”, no nos olvidemos de eso. 
Entonces, con estos criterios, me preguntaba qué tenía que hacer yo para poder construir un buen año, porque todos estamos en el camino de aprender todos los días a ser mejores y de entender que a esta vida vinimos a tres cosas: 


- a aprender a amar - a dejar huella - a ser felices.
En esas tres cosas debiéramos trabajar todos los días, el tema es cómo; y creo que hay tres factores que ayudan en estos puntos:
- Aprender a amar la responsabilidad como una instancia de crecimiento. El trabajo sea remunerado o no, dignifica el alma y el espíritu y nos hace bien en nuestra salud mental. Ahora el significado del cansancio es visto como algo negativo de lo cual debemos deshacernos y no cómo el privilegio de estar cansados porque eso significa que estamos entregando lo mejor de nosotros. 
A esta tierra vinimos a cansarnos... 
-Valorar la libertad como una forma de vencerme a mí mismo y entender que ser libre no es hacer lo que yo quiero. 

Quizás deberíamos ejercer nuestra libertad haciendo lo que debemos con placer, y decir que estamos felizmente agotados y así poder amar más y mejor.
- El tercer y último punto a cultivar es el desarrollo de la fuerza de voluntad, ese maravilloso talento de poder esperar, de postergar gratificaciones inmediatas, en pos de cosas mejores. 
HACERNOS CARIÑO y tratarnos bien como país y como familia, saludarnos en los ascensores, saludar a los guardias, a los choferes de los micros, sonreír por lo menos una o varias veces al día. QUERERNOS. 
CREAR CALIDEZ dentro de nuestras casas, hogares, y para eso tiene que haber olor a comida, cojines aplastados y hasta manchados, cierto desorden que acuse que ahí hay vida. Nuestras casas independientes de los recursos se están volviendo demasiado perfectas que parece que nadie puede vivir adentro.


Tratemos de crecer en lo espiritual, cualquiera sea la visión de ello. 
La trascendencia y el darle sentido a lo que hacemos, tiene que ver con la inteligencia espiritual. 
Tratemos de dosificar la tecnología y demos paso a la conversación, a los juegos “antiguos”, a los encuentros familiares, a los encuentros con amigos, dentro de casa. Valoremos la intimidad, el calor y el amor dentro de nuestras familias. 


Si logramos trabajar en estos puntos - y yo me comprometo a intentarlo -, habremos decretado ser felices, lo cual no nos exime de los problemas, pero nos hace entender que la única diferencia entre alguien feliz o no, no tiene que ver con los problemas que tengamos, sino que con la ACTITUD con la cual enfrentemos lo que nos toca.
Dicen que las alegrías, cuando se comparten, se agrandan. 
Y que en cambio, con las penas pasa al revés: Se achican.
Tal vez lo que sucede, es que AL COMPARTIR, LO QUE SE DILATA ES EL CORAZÓN. 
Y un corazón dilatado esta mejor capacitado para gozar de las alegrías y mejor defendido para que las penas no nos lastimen por dentro".

MAMERTO MENAPACE, 
Monje benedictino.


Para pensar...