lunes, 6 de enero de 2014


Siembra con Cristo, da culto a Él y deja que Él te cultive... ¡te sorprenderá la cosecha!


Jesús te habla ¡Escúchalo!





¡Abre tu corazón y síguelo siempre!



¿QUÉ LE DICE DIOS A MI CORAZÓN?: ÁMAME Y HÁBLAME COMO A UN SER VIVO

"¿Crees realmente a fondo hijo mío todo lo que me dices? Húndete más y más en la fe. Vive con más intensidad. Háblame como si me vieras pues bien sabes que estoy contigo. Dondequiera que te encuentres, encuéntrame. Ámame como a un Ser Vivo pues lo estoy.

No temas cansarme ni ser inoportuno conmigo, eres mi hijo y nada de ti puede fatigarme. ¡No temas! Pide, desea y agradece al Amor, llámate a ti mismo "pequeño hijo de Dios" y esto te dará un sentimiento nuevo".



REFLEXIONEMOS CON EL PAPA FRANCISCO EL EVANGELIO DE HOY (Juan 1,1-18). 

La liturgia de este domingo nos vuelve a proponer, en el prólogo del Evangelio de San Juan, el significado más profundo de la Navidad de Jesús. Él es la Palabra de Dios que se hizo hombre y que ha puesto su " tienda", su morada entre los hombres. El Evangelista escribe: "El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1,14). ¡En estas palabras, que nunca dejan de sorprendernos, está todo el cristianismo! ¡Dios se hizo mortal, frágil como nosotros, compartió nuestra condición humana, excepto el pecado, - pero tomó sobre sí los nuestros como si fueran propios - ha entrado en nuestra historia, se volvió plenamente Dios-con-nosotros! El nacimiento de Jesús, entonces, nos muestra que Dios ha querido unirse a todos los hombres y mujeres, a cada uno de nosotros, para comunicarnos su vida y su alegría.

Así, Dios es Dios-con-nosotros, Dios que nos ama, Dios que camina con nosotros. Éste es el mensaje de Navidad: el Verbo de se hizo carne. Por lo tanto, la Navidad revela el inmenso amor de Dios por la humanidad. De ahí deriva también el entusiasmo, la esperanza de nosotros los cristianos, que en nuestra pobreza sabemos que somos amados, visitados, acompañados por Dios; y miramos al mundo y la historia como el lugar donde caminar con Él y entre nosotros, hacia los cielos nuevos y la tierra nueva. Con el nacimiento de Jesús, ha nacido una promesa nueva, ha nacido un mundo nuevo, y también un mundo que siempre puede ser renovado. Dios está siempre presente para suscitar hombres nuevos, para purificar el mundo del pecado que lo envejece, del pecado que lo corrompe. Por cuanto la historia humana y la de cada uno de nosotros pueda estar marcada por las dificultades y debilidades, la fe en la Encarnación nos dice que Dios es solidario con el hombre y su historia. ¡Esta cercanía de Dios al hombre, a cada uno de nosotros es un don que nunca tiene ocaso! ¡Él está con nosotros. Él es Dios-con nosotros! Y esta proximidad nunca tiene ocaso Aquí está la buena noticia de la Navidad: la luz divina que llenó los corazones de la Virgen María y de San José, y guió los pasos de los pastores y los magos, brilla para nosotros hoy.

En el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, hay también un aspecto ligado a la libertad humana, la libertad de cada uno de nosotros. De hecho, la Palabra de Dios pone su tienda entre nosotros, pecadores y necesitados de misericordia. Y todos nosotros deberíamos apresurarnos para recibir la gracia que Él nos ofrece. Sin embargo, prosigue el Evangelio de San Juan, "los suyos no lo recibieron" (v. 11). También nosotros, tantas veces lo rechazamos, preferimos permanecer en la cerrazón de nuestros errores y en la angustia de nuestros pecados. ¡Pero Jesús no se da por vencido y nunca deja de ofrecerse a sí mismo y de ofrecer su gracia que nos salva! Jesús es paciente. Jesús sabe esperar. Nos espera siempre. Éste es un mensaje de esperanza, un mensaje de salvación, antiguo y siempre nuevo. Y nosotros estamos llamados a testimoniar con alegría este mensaje del Evangelio de la vida y de la luz, de la esperanza y del amor. ¡Porque el mensaje de Jesús es éste: vida, luz, esperanza, amor!

María, Madre de Dios y nuestra tierna Madre, nos sostenga siempre, para que nos mantengamos fieles a nuestra vocación cristiana y podamos realizar los anhelos de justicia y de paz que llevamos dentro de nosotros, en el inicio de este nuevo año.



ORO, INCIENSO Y MIRRA...LE LLEVARON LOS REYES MAGOS

Los Magos, al ver a Jesús con María, su madre, “cayendo de rodillas, lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra” (Mt 2,11). Los Magos son los segundos destinatarios de la revelación del nacimiento de Cristo.

¿Cuál es el sentido de estos regalos: el oro, el incienso y la mirra?.

1.EL REGALO DEL ORO:
El oro es uno de los metales (sino el primero) más valiosos del mundo. Bíblicamente hablando, el oro es símbolo de las cosas más preciadas del carácter y personalidad de Dios, de Cristo, la Iglesia y el hombre.
El oro es símbolo de: realeza, dignidad, autoridad y soberanía. Representa gobierno, posición, absolutismo y dominio. Este metal es una representación del carácter firme del hombre, y de su reinado.
El oro da seguridad, influencia e identidad al que lo posee.
En el libro de Mateo vemos a los Reyes de Oriente abriendo sus tesoros a Jesús. Ellos le darían de lo mejor que poseían. Esto es profundamente bello. 
Trajeron desde lejos todos sus tesoros para adorarle y al verlo, pusieron a sus pies lo más significativo, valioso y profético: El Oro, que en el contexto señalado representa la rendición total de su influencia, poder, autosuficiencia y dominio a los pies de Jesús.
El oro como presente a los pies de Cristo significaba que los Reyes tomaban su realeza, posición y dignidad y la sometían al GRAN REY. Toda su identidad, rango, seguridad e influencia la cedían a Cristo. Dicho de otra forma, ellos se sometían, se sujetaban y en obediencia total rendían sus coronas a Jesús. 

Todo lo que implica el oro debe ser puesto a los pies del Mesías; sólo así nuestro cántico será aceptado por el Padre. El acto de los magos de oriente al tomar el oro y adorar con éste al Señor, yo lo resumo en una sola palabra: “Obediencia”. Este es el ingrediente esencial en la vida devocional de un adorador. Sin la obediencia a Dios, a su Palabra y Autoridad y a su Santo Espíritu, nuestra ofrendas y alabanzas, sólo son fuego extraño que se disipa antes de llegar a Su Trono.
Obediencia es el oro rendido a los pies del Creador. Jesús nos muestra este factor trascendental de la adoración excelente con su vida rendida y sujeta al Espíritu.

Si tan sólo entendiésemos este secreto de adorar a Dios con oro; obediencia plena, rendición total, veríamos miles de propósitos divinos cumplirse por doquier. Como los reyes de oriente hoy, abramos nuestros tesoros y pongamos a sus pies, en obediencia, nuestro oro.



domingo, 5 de enero de 2014

NO SE PUEDE ENCONTRAR A DIOS Y SEGUIR SIENDO IGUAL. COMO LOS REYES, RETORNAR POR OTRO CAMINO

"Los dones que los reyes magos ofrecen al Mesías simbolizan la verdadera adoración. Por medio del oro subrayan la Divinidad Real; con el incienso lo reconocen como sacerdote de la nueva Alianza; al ofrecerle la mirra celebran al profeta que derramará la propia Sangre para reconciliar la humanidad con el Padre.

Ofreced también vosotros al Señor el oro de vuestra existencia, o sea, la libertad de seguirlo por amor respondiendo fielmente a su llamada; elevad hacia Él el incienso de vuestra oración ardiente, para alabanza de su gloria; ofrecedle la mirra, es decir, el afecto lleno de gratuidad hacia Él, Verdadero Hombre, que nos ha amado hasta morir como un malhechor en el Gólgota.

¡Sed adoradores del Único y Verdadero Dios, reconociéndole el primer puesto en vuestra existencia!" (Juan Pablo II).

Gaspar, Melchor y Baltasar han sentido la necesidad de "buscar". Buscar al que otros también esperaban, pero que se olvidaron finalmente de seguir buscando... La búsqueda de los reyes fue desde el corazón.

Los caminos de búsqueda de Dios pueden tener paisajes maravillosos, pueden estar llenos de flores en los campos, y pueden ser escarpados, con un cielo que se oscurece, con un Dios que pareciera se ha escondido. La fe tiene momentos de luminosidad y momentos de oscuridad, y a Dios también se le encuentra en la oscuridad de la noche.

Cuando ya habían aprendido el camino, ahora Dios los manda regresar por otro nuevo; el camino de la búsqueda ya no sirve para el regreso, ya no es el camino que va a al encuentro, es el camino de haber encontrado.

Nadie que haya conocido a Dios puede seguir por el mismo camino de antes, nadie que se haya encontrado realmente con Dios puede andar los mismos caminos del pasado, porque ahora es el mismo Dios Quien se hace Camino. Un camino que ya no depende de una estrella, de una señal. Es el camino de quien ha llegado y ha dejado que Dios se haga Luz en su corazón, es el camino no del que busca sino el camino que se convierte en vida, en una nueva visión, en una nueva realidad vital.

No se puede encontrar a Dios y seguir siendo igual, cuando uno se ha contagiado de Él, la vida ya no es la misma. Cuando uno ha visto a Dios aunque sea en la pobreza de un pesebre, los ojos ya no ven los mismo. Cuando uno ha escuchado a Dios, la vida tiene otra música. Cuando uno ha sentido a Dios en su corazón, la vida se llena de caminos y todos son caminos de Dios".

¡FELIZ DÍA DE REYES! ¡QUE DIOS SE SIGA MANIFESTANDO EN NUESTRA VIDA!